¿Pueden los recuerdos influir en nuestra vida? ¿Puede resultar afectado el presente por lo que hemos vivido en el pasado? ¿Puede el destino juntar dos personas que se creen destinadas a estar separadas?

domingo, 19 de enero de 2014

Como todos, pero más que todos.


Una vez más, paseaba por aquel lugar que años atrás fue testigo de sus primeros besos. En realidad, no pasaba exactamente por dentro, pero sí por ella calle. Todo había cambiado ahora. El edificio no era igual, estaba algo deteriorado y ya no hacían programas allí. Ni siquiera estaba abierto. Qué pena, pensaba él, aquel edificio supuso gran, y la mejor, parte de su vida. Parte que aún perdura, o no, no lo tiene muy claro. No sabe exactamente en qué momento de su vida se encuentra. No sabe si tiene que seguir adelante o quedarse estancado, luchando por alguien que ya no está.

Ya no habían vallas ni puertas, los cristales estaban rotos y la policía tenía mejores cosas que hacer que vigilar aquello, por lo que, sin saber por qué, me decidí a entrar. Quizás todo estaría igual que la última vez, o estaría vacío. No perdía nada por mirarlo.

Uno a uno recorrí los pasillos que antes eran habituales para mí, y miles de recuerdos volvían a repetirse una y otra vez en mi mente, y en todos estaba ella. Anna, tenías que estar aquí conmigo y recordarlos juntos. ¿Sabes? Te echo de menos.

Claro que ella sabía que la echaba de menos, él no paraba de repetírselo una y otra vez, aunque sabía que ella ya ni podía escucharle, ni tocarle, ni verle, ni sentirle. Nada. No estaba.

Y, entré. Aquella habitación que unos 30 años atrás fue nuestro camerino, de ambos, donde pasábamos la mayor parte del tiempo entre mimos, lecturas de guión y fotos, muchas fotos. También vídeos. Y todas las veces que nos llevamos a nuestra pequeña y se quedaba jugueteando por allí, con peluches, o pintando con cualquier bolígrafo que Anna le dejaba.

Me senté en el sofá, lleno de polvo, y observé una y otra vez todo, deseando poder volver atrás y disfrutar aún más de aquellos momentos que la vida me dio, aquellos grandes momentos. Todavía quedan folios en la mesa, también bolis que seguramente estarán secos. Me acerco despacio y cojo uno, es la letra de Anna. Soplo y le quito el polvo, no recuerdo este folio. Lo leo, y miles de recuerdos.

"Raúl, quizás algún día leas esto, o quizás no. Quién sabe si tendrás 40 años o tendrás 60 al leerlo, pero sé que sabrás lo que pone aquí. En realidad, no es nada que no te haya dicho ya, ¿sabes? No sé, es raro hacer una carta con cosas que ya sabes pero.. creo que es bonito. Sí, porque te demuestran una y otra vez que sigues siendo querido y.. que tienes alguien en quien apoyarte, claro. Y tú eso ya lo sabes, pues por eso decidí formar esta familia contigo y esta vida en común hace ya tres años. Esto es.. bueno, la niña me ha preguntado que por qué nosotros nos queremos tanto y no hay nadie que se quiera más. Es extraño que siendo tan pequeña haga preguntas así, pero.. ¿Por qué no puede ser verdad? Nos queremos más que el resto. Somos como ellos  pero.. somos tú y yo. ¡Ahí está! Claro. Nos queremos como todos pero más que todos. Creo que esa frase es perfecta, ¿no..?"

No pude terminar de leer. Mis ojos estaban ya empapados en lágrimas. Cuando llegue a casa le enseñaré la carta a la niña y le daré las gracias por haber hecho esa pregunta..

Ahora creo que de momento me iré de aquí, sí. No quiero seguir estorbando ni estropeando estos recuerdos, pero la carta me la llevo, claro.

Anna, ¿por qué no me la diste en su día? Te hubiera besado, y ahora.. ahora sólo puedo ir al cementerio y decirte que te quiero. Porque te quiero. Como todos, pero más que todos.