Habían pasado dos días desde que despertó. Yo no me movía de la habitación, hasta pasaba ahí las noches, y sólo cuando venía su madre me atrevía a dejarle solo. Era ya una rutina, una manía. Estar con él, como le prometí. Y creo que él lo agradecía. Apenas hablaba y se movía, comía a través de una pajita, asentía y negaba con la cabeza, a veces me cogía la mano.. Y yo me atrevía a darle picos, sólo para ver esa sonrisa que se le quedaba.
Nada parecía importarle, ni siquiera que había estado a punto de morir. Me acuerdo de la sonrisa que ponía cuando su madre iba a verle. Era algo que nunca había visto, como queriendo agradecerle protección, quizás, y que estuviera con él. Hizo el amago de presentarnos, o eso creo, pero no hacía falta.
-Yo ya conozco a tu mami, Raúl, me la presentaste.
Asintió y esbozó una pequeña sonrisa.
-Yo me voy, ¿vale?
-Vale cielo, descansa un poco que lo mereces.
-Me daré una ducha y comeré algo, no necesito dormir.
Raúl empezó a negar, mirándome y cogiéndome la mano. Me transmitió mucha ternura.
-¿Quieres que me quede?
Asintió.
-Pues me quedo, con tu mami, ¿vale? Y que me cuente cómo eras de chiquitín.
-Era más revoltoso.. Pero menos que ahora, ¿eh? Se pasaba el día jugando en casa y diciendo que era reportero y que me tenía que preguntar cosas.
-No ibas mal encaminado, ¿eh? -Mi sonrisa en aquel momento tenia que ser monumental, imaginarle de pequeñito.. -¿Y qué más?
-Decía que nunca iba a enamorarse, que.. ¡Ay, Raúl!
Le había apretado la mano, para que se callara. Yo empecé a reírme y me acerqué a él, a pocos milímetros, sonriendo.
-Pero si ahora estás enamorado..
Me señaló, y su madre y yo empezamos a reírnos.
-¡Oye, que eso no me lo habías contado! ¿Estás enamorado de Annita?
Se puso rojo y me abracé a él, acariciándole la cara. Me acordé de aquel momento en Otra Movida, cuando lo de la ceja. Ya apenas le quedaba cicatriz.
-Bueno, bonito, ahora van a venir las enfermeras, me voy con tu mami a tomar un café, ¿vale?
Asintió.
-No tardamos, te lo prometo.
Y salimos de la habitación, después de darle un beso cada una en la mejilla. Yo me estaba aguantando las lágrimas, no sé cómo tenía fuerzas, pero las estaba aguantando. Llegamos a la cafetería y pagué dos cafés, uno para Montse y otro para mí, y nos sentamos en una mesa, la más retirada de todas, no tenía ganas del agobio de la gente.
-¿Estás bien, Annita?
Me había mirado a los ojos, y claro, se nota cuándo estás a punto de llorar.
-Los médicos dijeron que ya hablaría bien, que todo iba a ir rápido..
-Eh, cielo, Raúl está bien..
-Sí, pero yo ya no puedo más, no soporto verle tanto tiempo ahí empotrado, sin fuerzas ni siquiera para hablar, viendo cómo sufre por el dolor y no poder hacer nada.. No puedo más, un mes aquí, un mes aguantando y haciéndome ver a mí misma que soy fuerte, que puedo con todo. Y no es verdad. Creo que no me he derrumbado nunca por él, por darle fuerzas. Y ahora me siento la peor.. la peor persona del mundo. ¿Cómo vas a dar fuerzas a alguien si tú también estás mal? No lo merezco..
-Anna, lo estás haciendo bien. Es duro y lo entiendo, por eso vengo todos los días. Y él pronto va a empezar a hablar, ya lo verás, y te podrá abrazar, y te dirá cuánto enamorado está de ti, ¿sabes? Me lo ha dicho muchas veces.
-Pero..
-Ya, pero es que ahora hay que tratarle como si fuera un niño. Todo a su tiempo, pequeña, que todo va a estar bien.
-Gracias, Montse.
-A ti, por ser tan especial, y por cuidarlo.
Me levanté y le di un abrazo, en esos momentos estaba siendo como una madre para mí, ayudándome tanto con todo.
Y, algo me quedó claro: Tenía que seguir esperando, luchar por los dos y cuidarlo, cuidarlo siempre. Porque eso le había prometido.
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